Hay personas que tardan mucho en decidirse a pedir una cita con un psiquiatra.

No necesariamente porque no quieran ayuda. A veces simplemente no saben qué les van a preguntar, qué tendrán que contar o incluso si lo que les ocurre es “lo bastante importante” como para consultar.

Y aparece una duda muy habitual:

¿Qué va a pasar cuando entre en la consulta?

Es una pregunta completamente normal.

Muchas personas llegan a una primera consulta con cierta inquietud. Algunas han preparado mentalmente lo que quieren contar y, cuando llega el momento, se quedan en blanco. Otras saben perfectamente que no se encuentran bien, pero no consiguen explicar desde cuándo ni por qué.

No hay que preocuparse demasiado por eso.

Una primera valoración psiquiátrica no es un interrogatorio ni una prueba que haya que superar. Es, sobre todo, una conversación clínica que permite al profesional conocer qué está ocurriendo y hacerse una idea global de la situación.

Y esa primera conversación puede ser más importante de lo que parece.

¿Qué es una primera valoración psiquiátrica?

Una valoración psiquiátrica es el proceso mediante el cual un profesional estudia el estado de salud mental de una persona para comprender qué está ocurriendo y decidir, si es necesario, qué tipo de tratamiento o seguimiento puede ayudar.

Pero no se trata simplemente de preguntar:

“¿Estás triste?”

“¿Estás nervioso?”

“¿Duermes bien?”

Las cosas rara vez son tan sencillas.

El profesional necesita conocer la evolución del problema y cómo está afectando a la vida de esa persona. Puede interesarse por los cambios en el estado de ánimo, el sueño, el apetito, la energía, la concentración o las relaciones con los demás.

También puede preguntar por situaciones que hayan ocurrido recientemente o por acontecimientos que hayan marcado la vida de la persona.

Todo tiene un motivo.

Por ejemplo, alguien puede acudir diciendo que está constantemente cansado. A primera vista podría parecer un problema de sueño. Sin embargo, durante la conversación pueden aparecer otros datos: lleva meses preocupado, ha dejado de hacer actividades que antes disfrutaba, apenas queda con sus amigos y cada vez le cuesta más concentrarse en el trabajo.

La consulta permite poner todas esas piezas sobre la mesa.

Y entonces la imagen empieza a ser diferente.

¿Qué te pueden preguntar?

No existe una lista cerrada de preguntas que se utilice exactamente igual con todas las personas.

La conversación se adapta a lo que el profesional va encontrando.

Es posible que te pregunten cuándo empezaste a encontrarte mal, qué fue lo primero que notaste o si recuerdas algún momento a partir del cual las cosas empezaron a cambiar.

También pueden preguntarte cómo estás durmiendo, si tienes más o menos apetito, cómo está tu nivel de energía o si te cuesta concentrarte.

Y probablemente quieran saber algo todavía más importante:

¿Cómo está afectando todo esto a tu vida?

Porque una cosa es sentirse mal de vez en cuando y otra muy distinta que ese malestar empiece a cambiar la manera en la que trabajas, te relacionas, descansas o disfrutas de tu tiempo libre.

También pueden aparecer preguntas sobre tratamientos anteriores, medicamentos, antecedentes médicos y familiares o consumo de determinadas sustancias.

Puede que alguna pregunta resulte incómoda.

Es comprensible.

Pero cuanto más sincera sea la información que recibe el profesional, más completa será la valoración.

“No sé explicar lo que me pasa”

Esta frase aparece con bastante frecuencia.

Y es perfectamente válida.

No hace falta llegar a una consulta sabiendo exactamente qué problema se tiene. Tampoco es necesario conocer términos médicos ni haber buscado previamente qué trastorno podría explicar lo que ocurre.

De hecho, intentar llegar con un diagnóstico decidido puede resultar contraproducente.

Quizá lo único que puedas decir sea:

“Desde hace unos meses no soy el mismo.”

O:

“Duermo, pero me levanto agotado.”

O incluso:

“No sé qué me pasa. Simplemente siento que algo no está bien.”

Es suficiente para empezar.

A partir de ahí, el profesional irá haciendo preguntas, buscando información y tratando de entender cómo ha evolucionado la situación.

A veces una persona recuerda perfectamente cuándo empezó todo. Otras veces necesita ir reconstruyéndolo poco a poco.

No pasa nada.

La primera consulta no tiene que salir perfecta.

¿También pueden hablar con la familia?

En determinadas situaciones, la información aportada por familiares o personas cercanas puede ser útil.

Esto puede ocurrir especialmente cuando la propia persona no es consciente de determinados cambios o cuando existe una evolución compleja del problema.

Por ejemplo, un familiar puede haber observado que alguien duerme mucho menos de lo habitual, que se ha aislado progresivamente, que está mucho más irritable o que su comportamiento ha cambiado de una manera que no era habitual.

Eso no significa que la familia vaya a decidir qué le ocurre al paciente.

La valoración corresponde al profesional.

Pero disponer de diferentes perspectivas puede ayudar a comprender mejor una situación.

¿Me van a diagnosticar en la primera consulta?

No necesariamente.

Y esto conviene tenerlo claro.

Existe la idea de que una consulta psiquiátrica funciona como una especie de “pregunta-respuesta”: cuentas lo que te ocurre, el médico escucha y al final te dice exactamente qué tienes.

En realidad, algunas situaciones son mucho más complejas.

Para llegar a una valoración adecuada puede ser necesario conocer cómo han evolucionado los síntomas, revisar antecedentes, analizar tratamientos anteriores y observar determinados patrones a lo largo del tiempo.

Por eso, una primera consulta puede servir precisamente para empezar a reunir toda esa información.

En algunos casos el diagnóstico puede estar bastante claro desde el principio. En otros, será necesario continuar valorando la evolución.

Y eso no significa que la consulta no haya servido.

Al contrario.

A veces el primer paso consiste simplemente en empezar a ordenar algo que llevaba mucho tiempo resultando confuso.

¿Qué ocurre después?

Aquí tampoco existe una respuesta única.

Cada persona necesita un abordaje diferente.

Dependiendo de la situación, el profesional puede plantear un seguimiento psiquiátrico, recomendar una intervención psicológica, valorar un tratamiento farmacológico o combinar diferentes formas de atención.

También puede ser necesario realizar estudios adicionales o contar con otros especialistas.

En la Clínica de Salud Mental Dr. Muñoz, en Murcia, se trabaja desde un enfoque multidisciplinar. El equipo incluye psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, internistas, anestesistas y neurólogos, entre otros profesionales.

La propia clínica señala que los pacientes reciben estudios médicos y psicológicos orientados a establecer una terapia personalizada.

Y tiene sentido.

Porque una persona no es únicamente sus síntomas.

Su historia, su entorno, sus hábitos, su situación personal y la manera en que ha evolucionado el problema también forman parte de la valoración.

¿Y si me da vergüenza hablar de determinadas cosas?

También puede ocurrir.

Hay cuestiones que cuesta contar.

Quizá tengan que ver con la familia. Con el trabajo. Con una relación. Con el consumo de alcohol u otras sustancias. Con pensamientos que generan miedo o vergüenza. O simplemente con algo que la propia persona no termina de entender.

Es posible que durante una primera consulta aparezca ese momento incómodo en el que uno piensa:

“Esto no se lo he contado nunca a nadie.”

No es necesario tener un discurso preparado.

Se puede decir precisamente eso.

“Me cuesta hablar de esto.”

Y empezar desde ahí.

Una consulta de salud mental debería ser un espacio en el que poder hablar de estas cuestiones sin sentirse juzgado.

La importancia de mirar el conjunto

A veces, cuando una persona lleva meses encontrándose mal, intenta resolver cada problema por separado.

Primero piensa que duerme mal.

Después cree que simplemente está cansada.

Más tarde empieza a notar que no tiene paciencia con nadie.

Deja de quedar con amigos.

Le cuesta concentrarse.

Empieza a rendir menos en el trabajo.

Y llega un momento en que ya no sabe qué está pasando.

La valoración profesional permite precisamente detenerse.

Mirar el conjunto.

Preguntar cuándo empezó cada cosa y cómo se han ido relacionando los diferentes cambios.

No siempre existe una explicación sencilla, pero ordenar la información puede ayudar mucho.

Pedir una valoración no significa tener una enfermedad mental

Este es otro punto que merece la pena recordar.

Consultar con un psiquiatra no significa automáticamente tener un trastorno mental grave.

Una persona puede acudir porque lleva un tiempo sintiéndose diferente, porque no consigue recuperar su funcionamiento habitual o porque alguien cercano ha observado cambios que preocupan.

La valoración servirá para estudiar qué está ocurriendo.

En algunos casos se confirmará un diagnóstico. En otros, será necesario continuar observando la evolución. Y en otros puede concluirse que el problema requiere un tipo de ayuda diferente.

Lo importante es no sacar conclusiones antes de tiempo.

¿Cuándo merece la pena consultar?

No existe un momento perfecto.

Pero si un cambio se mantiene durante semanas o empieza a interferir de manera clara en la vida cotidiana, puede ser razonable pedir una valoración.

Por ejemplo, cuando dormir se ha convertido en un problema constante, cuando cuesta concentrarse, cuando se ha perdido interés por prácticamente todo, cuando las relaciones personales se deterioran o cuando existe la sensación persistente de no estar siendo uno mismo.

No hace falta esperar a tocar fondo.

De hecho, una de las razones para consultar es precisamente intentar evitar que el problema llegue a ese punto.

Una primera consulta puede ser simplemente eso: el primer paso

Quizá después de leer esto sigas teniendo nervios ante la idea de acudir a un psiquiatra.

Es normal.

Pero hay algo que conviene tener presente: no tienes que saber exactamente qué te pasa para pedir ayuda.

No necesitas llevar un diagnóstico.

No necesitas explicar tu historia perfectamente.

Y tampoco necesitas haber esperado hasta que la situación sea insoportable.

Puedes empezar contando qué has notado y desde cuándo.

El resto se irá construyendo durante la valoración.

En la Clínica de Salud Mental Dr. Muñoz, en Murcia, la atención se plantea desde un enfoque individualizado y multidisciplinar, con diferentes profesionales implicados en la valoración y tratamiento de los problemas de salud mental.

Porque, al final, una primera consulta no consiste solamente en encontrar una respuesta.

Consiste en empezar a hacerse las preguntas adecuadas.

Y, para muchas personas, eso ya supone un cambio importante.

 

Y recuerda: pedir ayuda no es rendirse, es avanzar.